Tenia el pelo alborotado por haber estado decidiéndose durante largo tiempo bajo la lluvia, sus manos volvían a ser estalagmitas, sus mejillas estaban sonrosadas, brisadas por el frío, de su aliento entrecortado salían pequeñas nubecitas que se perdían tras su paso indeciso, a veces rápido, a veces ralentizado, a veces hacia delante, y a veces hasta retrocediendo, entonces retrocedió, pero esta vez quiso creer que para bien, bajó del autobús y cogió sus maletas. Entonces se detuvo en seco mientras ya el autobús salía de la estación, después de tanto tiempo seguía asustándose, más bien sorprendiéndose, cuando caía en la cuenta de la fuerza de sus actos si él estaba de por medio.
Pero no quiso darle todo el protagonismo, no se quedaba tan solo porque el se lo hizo prometer, al menos eso quería creer.
Avisó que no se había ido y pudo sentir una gran bocanada entre alivio y alegría desde el otro lado del teléfono, a los dos minutos el coche le esperaba en la puerta de la estación, se apartó el pelo de la cara, secó sus mejillas y subió sin mediar palabra.
Torcieron la esquina que subía hacia “su casa” y de repente descargó en llanto, como si llevara años luz sin hacerlo, nunca antes lo había visto llorar y no imaginó que fuese de aquella manera, emitía un gemido suave casi de bebé que llegaba a producir hasta risa, abrió los ojos para comprobar si era su padre el mismo que ahora a su lado le daba las gracias por haberse quedado, con la voz entrecortada y el rostro completamente configurado por las lágrimas, como nunca pensó que lo vería.
Entonces sintió como valió la pena haber retrocedido y mentalmente le dio las gracias a él.
A veces las decisiones que a los ojos de los demás parecen las mas desacertadas se convierten en el mayor acierto, hasta hoy su padre nunca le había dicho te quiero, al menos no de aquella manera, aunque ella ya lo sabía de antes y por eso lo quería con todas sus fuerzas, porque ella creía más en eso, en los actos que unidos con la cualidad del cuerpo para expresarse, daban los te quieros más sinceros, pero esta vez reconoció que no estuvo de mas escucharlo.
En los momentos de más riesgo…en las decisiones más radicales…en situaciones de pérdida…en detalles que se vuelven trascendentes…
es increíble como el ser humano es capaz de sobreponerse. Se despiertan sentimientos que difícilmente pudieran aparecer en periodos de estabilidad/comodidad, porque las mayores y difíciles decisiones no se tomaron sentados en la mesa camilla.
En esa clase de momentos todo sale a la luz, el orgullo se vuelve un lastre, las formalidades son insostenibles, el egoísmo empieza a excavar tu propia tumba y lo importante retoma su peso en oro, entonces nos empezamos a quitar trabas, porque en terreno de arenas movedizas no nos queda otra que agilizar el peso si no queremos vernos bajo tierra, y de terrenos como estos debemos salir solos pues apoyarse en el de lado solo provocaría que el otro se hundiese más.
De cómo salir vivos, ni pajolera idea, una vez leí un experimento que hicieron a unas pobrecillas ratitas de laboratorio, cada vez que les daban de comer les administraban una pequeña descarga eléctrica, así durante un tiempo, hasta que terminaron acostumbrándose, pasado el tiempo las metieron en un cubo lleno de agua, las ratitas empezaron a nadar pero al poco rato cesaron, entonces se les administró esa descarga eléctrica y milagrosamente retomaron todas sus fuerzas y empezaron a nadar como locas.
Cada uno necesitaremos de ese impulso personal, que parece escondido, que nos recuerde aquel o aquellos momentos por los que valga la pena ponernos a nadar como locos.
Creo que por eso desde pequeños al menos una vez la gente suele apuntarse a natacion ^^
ResponderEliminarnada es en vano!
besijos y feliz año ojitos!
DESFIBRILADOR!!!!!
ResponderEliminarte sigo
en la distancia
y sin saldo para los buenos deseos que sabes que te dedico a ti tambien, renacuaja!
Te echo de menos...pero Sevilla es mal sitio de reencuentro...
te veo en sueños y me enseñas esa navidad bonita :)